POESÍA. LITERATURA

La literatura española (poesía y narrativa) durante la noche del franquismo vive una importante evolución desde la Guerra Civil hasta la Transición.

 

 

A pesar de las diferencias entre los autores hay un hilo conductor que les relaciona con la realidad histórica del momento.

Generalmente se clasifica a los escritores españoles durante el franquismo en dos generaciones diferentes, la del 36 y la del 50.

Los escritores de la generación del 36 están marcados por la experiencia de la Guerra Civil, algunos murieron con el fascismo (Federico García Lorca, Miguel Hernández) y otros vivieron el exilio (Rafael Alberti, Max Aub, Luis Cernuda, Rosa Chacel, León Felipe, Ramón Gómez de la Serna, Jorge Guillén, Juan Ramón Jiménez, Salvador de Madariaga, Ramón J. Sender, María Zambrano). Entre los escritores de esta generación que siguieron escribiendo en España destacan Enrique Azcoaga, Antonio Buero Vallejo, Gabriel Celaya, Miguel Delibes, Ildefonso-Manuel Gil, Juan Gil-Albert, José Antonio Maravall, Alfonso Sastre y Gonzalo Torrente Ballester.

A los poetas de la generación del 36 se les dividió entre “arraigados” (afines al régimen) y “desarraigados” (contrarios al régimen) y su poesía es realista, directa y combativa.

Los escritores de la generación del 50 desarrollaron su vida dentro del régimen franquista y tienen una formación universitaria superior a la de la generación precedente.

Sin perder el realismo social muestran un mayor interés por la calidad literaria.

Destacan en esta generación Gloria Fuertes, Antonio Gamoneda, Juan García Hortelano, Jaime Gil de Biedma, Ángel González, José Agustín Goytisolo, José Hierro, Jesús López Pacheco, Juan Marsé, Carmen Martín Gaite, Luis Martín-Santos, Blas de Otero, Rafael Sánchez Ferlosio y Daniel Sueiro.

El poema “La poesía es un arma cargada de futuro” de Gabriel Celaya bien puede representar una época.

 

Poesía para el pobre, poesía necesaria
como el pan de cada día,
como el aire que exigimos trece veces por minuto,
para ser y en tanto somos dar un sí que glorifica.

Porque vivimos a golpes, porque apenas si nos dejan
decir que somos quien somos,
nuestros cantares no pueden ser sin pecado un adorno.
Estamos tocando el fondo.

Maldigo la poesía concebida como un lujo
cultural por los neutrales
que, lavándose las manos, se desentienden y evaden.
Maldigo la poesía de quien no toma partido hasta mancharse.
Hago mías las faltas. Siento en mí a cuantos sufren
y canto respirando.
Canto, y canto, y cantando más allá de mis penas
personales, me ensancho.

 

Presentamos, dentro de estas relaciones incompletas, a un escritor de cada generación.

 

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