LA MATANZA DE VITORIA

El 3 de marzo de 1976 ha quedado para la historia de España como una fecha negra en la que la monarquía posfranquista llenó de barbarie y muerte las calles de Vitoria, en la que fue la mayor matanza obrera de la Transición.

 

 

 

La represión se volvió contra el régimen, que quedó más aislado y socialmente desacreditado.
 

LA SITUACIÓN POLÍTICA A PRINCIPIOS DE 1976

Franco había muerto cuatro meses y medio antes y Juan Carlos I había sido coronado rey de España jurando por los Principios del Movimiento Nacional. Las pocas esperanzas de un cambio de rumbo con la llegada del rey se vieron inmediatamente defraudadas al mantener en la presidencia del gobierno a Carlos Arias Navarro, un inmovilista de larga tradición represora sangrienta en Málaga y totalmente identificado con el franquismo, que acababa de aunar la cobardía en el Sahara ante la invasión de Marruecos en noviembre de 1975 con las ejemplarizantes ejecuciones de militantes antifranquistas en septiembre de ese mismo año.

La oposición se encontraba dividida entre la Junta Democrática y la Plataforma de Convergencia Democrática.

La agitación social en los primeros meses de 1976 era constante y creciente. Las movilizaciones obreras se unían con la movilización por la democracia.

Junto a Carlos Arias Navarro en la presidencia del gobierno, el ministerio de la Gobernación estaba en manos de Manuel Fraga Iribarne.

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LA HUELGA GENERAL

Desde enero de 1976 se produjo una importante movilización obrera en Vitoria en contra de los topes salariales, que fue ampliando rápidamente el número de empresas implicadas y que confluyó en la huelga general del 3 de marzo de 1976.

España era un país sin libertades y los únicos lugares donde se podían realizar reuniones y asambleas eran las iglesias. Por la tarde, a las cuatro, se había convocado una asamblea de trabajadores en huelga en la iglesia de San Francisco de Asís en el barrio de Zaramaga de Vitoria.

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LA MATANZA DE VITORIA

En torno a las cinco de la tarde, la policía, con refuerzos de las provincias colindantes, rodeó la iglesia y el mando policial ordenó su desalojo violento.

Ha quedado para la historia el audio de las conversaciones por radio de la policía durante la intervención, un documento estremecedor que relata la barbarie franquista. “Hemos contribuido a la paliza más grande de la historia”, dice uno de los policías al final del audio.

El desalojo de la iglesia se realizó de una forma brutal. La policía lanzó gases lacrimógenos en el interior de la iglesia a través de las ventanas. Dentro, la iglesia quedó totalmente cegada por el humo y los gases, los obreros no podían ver ni respirar y el pánico se generalizó. Se abrieron las puertas y todo el mundo corrió hacia la calle huyendo de la asfixia.

Según salían fueron unos apaleados y muchos tiroteados a quemarropa con bolas de goma y armas de fuego.

El resultado fue de cinco obreros muertos por disparos de bala y más de 150 heridos, al menos 40 de ellos de bala: Pedro María Martínez Ocio, de 27 años, Francisco Aznar Clemente, de 17 años, Romualdo Barroso Chaparro, de 19 años, José Castillo, de 32 años y Bienvenido Pereda, de 30 años.

En los días siguientes la indignación estalló tanto en Vitoria como en el resto de España. La represión se cebó contra las manifestaciones y asambleas. En Tarragona, Juan Gabriel Rodrigo cayó muerto el 5 de marza de 1976 en la manifestación contra los asesinatos de Vitoria. En Basauri, Vicente Antón Ferrero fue muerto a tiros de la Guardia Civil el 8 de marzo de 1976 para disolver una asamblea informativa de trabajadores.

 

Enlace a la web de la ASOCIACIÓN DE VICTIMAS 3 DE MARZO

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PELÍCULA: “Vitoria 3 de marzo”

LOS SUCESOS DE VITORIA PROFUNDIZARON LA CRISIS DEL FRANQUISMO

La indignación nacional e internacional por los acontecimientos de Vitoria profundizó la conciencia democrática y el rechazo al régimen postfranquista.

A nivel internacional, se profundizó el aislamiento de España en Europa (en Alemania se cancelaron las entrevistas que Manuel Fraga Iribarne tenía previstas).

A nivel nacional, la oposición moderada, agrupada en torno a la Plataforma de Convergencia Democrática, que estaba pactando con el régimen (reunión de Felipe González con Manuel Fraga, autorización del Congreso de la UGT en libertad para el 15 de abril de ese año), se ve obligada a un posicionamiento más beligerante que dará lugar a la formación de Coordinación Democrática (la Plata-Junta o unión de la Junta Democrática y la Plataforma de Convergencia) ese mismo mes de marzo.

La movilización social creció exponencialmente y también la represión (Montejurra, etc.).

Finalmente, el rey tuvo que cesar a Carlos Arias Navarro y nombrar presidente del gobierno a Adolfo Suárez el 1 de julio de 1976.

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